Morante nunca se fue del todo, aunque se marchara de repente. Su retirada fue un silencio brusco que descolocó al toreo; su regreso, anunciado de súbito, torna a sacudir las certezas de una tauromaquia que gira, para bien o para mal, alrededor de su nombre. Entre la genialidad, la fragilidad y el arrebato, Morante prosigue y nos devuelve a ese territorio donde su arte y su cabeza no entienden de lógica.






