La primera corrida de toros constatada en Barcelona data de 1387, como recoge de forma oficial el Archivo General de la Corona de Aragón. Desde entonces Cataluña siempre fue taurina, y en sus tierras se construyeron las plazas de Olot, Tarragona, Figueras, Masdenvergue, Camprodón, Mora de Ebro, Puebla de Masaluca, Vilasar de Dalt, Tortosa, Vich, Manresa, Mataró, Gerona, San Feliú de Guixols, Lloret de Mar y Amposta, a las que hay que sumar las tres de Barcelona: El Torín, Las Arenas y La Monumental. Además se montaron plazas portátiles en una veintena de localidades más. A pesar de ello los antitaurinos proclamaron que Cataluña nunca fue taurina, y hubo quien se lo creyó. Ahora, la irrupción del novillero barcelonés Mario Vilau parece estar reactivando a una afición a la que habían conseguido aletargar.






