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Es ley natural. Todo pasa y nada queda, que recitaba Machado. La vida sigue su discurrir impasible e imparable y la acción del tiempo, inevitablemente, tiende a borrar multitud de biografías, historias, conceptos y ejemplos tenidos en su día como inamovibles y ahora condenados a pertenecer al pasado y, en más ocasiones de las que serian deseables, olvidadas a pesar de lo útil de sus enseñanzas.

Con la feria de Otoño los que tienen el cerebro encerrado con muchos candados han repetido que había una encerrona de un novillero, no un festejo de único espada. Son los herederos de la legión ilógica de ignorantes que hablan de sanchismo por Sánchez cuando sanchismo viene de Sancho y el derivado de Sánchez es sanchesco.

El reconocimiento de la Generalitat a Luis Francisco Esplá con motivo del 9 d’Octubre trascendió el homenaje a una trayectoria excepcional. Al encomendarle el discurso en nombre de todos los premiados, la institución brindó a la Tauromaquia una oportunidad para reivindicar su lugar en la cultura y en la sociedad valenciana. El maestro alicantino aprovechó la ocasión para impartir una lección de excelencia, humildad, arraigo y responsabilidad, demostrando que los valores del toreo son también valores universales.

Aunque son tres las patas sobre las que se sostiene el espectáculo taurino, no cabe duda que una de ellas tiene un papel imprescindible y cuya ausencia haría inevitablemente inviable e imposible todo lo demás: el toro. Torero y público, siendo, efectivamente, básicos, sin aquel no tendrían razón de ser.

Los de Diego Urdiales. Urdialistas. Tiene seguidores a sus pies . Incondicionales. Viendo, diciendo o escribiendo lo máximo de lo máximo. Sea o no verdad. También muchísimos que no porque no van a verlo. No llena una plaza ni de coña. Ni en Logroño, su tierra, ni acompañado de Roca Rey atrae al público.

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