La caída del último toro de Osborne en Euskadi es un nuevo ejemplo de la utilización de símbolos culturales como arma política. Más allá del gesto vandálico, aflora una estrategia que busca dividir y enfrentar a la ciudadanía, como sucedía con el intento de veto al torero Ignacio Sánchez Mejías en los actos de conmemoración de la Generación del 27. Pero ni los toros de Osborne ni Sánchez Mejías son el problema.






