Es imperioso que se consiga abaratar el coste de la organización de los festejos menores con una rebaja de los impuestos y quizá con un reajuste de los banderilleros necesarios, así como que nuestras autoridades acepten la lógica de que las becerradas deben volver a celebrarse en las calles de los pueblos. Con ello las simientes del futuro de la Fiesta aumentarían y se fortalecerían.






