En el toreo, como en la vida, la actitud es importante, pero no debe serlo todo. Siempre que sea posible el torero debe torear y no quedarse en las formas, ha de ser el dueño de la situación que primero domina y luego se abandona a la expresión artística. Porque torear es mandar en las embestidas para llevarlas largas y por abajo, eso que se llama profundidad y que pone a todos de acuerdo.





