El buen juego de muchos novillos lidiados en Algemesí ha provocado que se refresque la esperanza de cuantos tuvimos la dicha de presenciar los festejos. Es lícito soñar que la temporada que viene, cuando los hermanos de los utreros actuales sean toros hechos y derechos, viviremos una campaña emocionante.
La recién finalizada Setmana de Bous de Algemesí ha acabado dando motivos para la alegría y la esperanza. La gente ha llenado la peculiar plaza valenciana a lo largo de los nueve días de festejos. Un puñado de novilleros ha dejado claro que el futuro es halagüeño. Entre ellos cabe destacar a un sorprendente y torerísimo Diego Carretero, triunfador final de la feria después de demostrar una firmeza, una seguridad y una naturalidad inusual en alguien tan poco placeado. No se quedó atrás Andy Younes, que firmó una de las mejores faenas del ciclo por su autoridad para ligar con exquisito temple de mano baja.
Hubo otros que también ilusionaron, pero si algo ha llamado poderosamente la atención en este serial ha sido la clase en la embestida que han exhibido varios de los hierros anunciados. Daniel Ramos y Daniel Ruiz lidiaron dos novilladas sin picadores de notable comportamiento. Hubo utreros sueltos de nota alta con el hierro de Cebada Gago. Sin embargo a Domingo Hernández y Alcurrucén les embistió el encierro completo. Evidentemente unos ejemplares fueron mejores que otros, sobre todo en lo referente al apartado de la duración, pero en general todos los astados poseyeron las virtudes que ponen de acuerdo a todo el mundo. Fijeza, prontitud, recorrido, temple y repetición, y todo empleándose por abajo hasta el final. Muy sencillo de decir y muy complicado de lograr: bravura con clase.
Por varios motivos vivimos una época de inestabilidad taurina. Aficionados y profesionales andan preocupados y expectantes ante la aparición de valores que capten público nuevo. Y parece que muchos se han olvidado del factor toro, el ingrediente fundamental de la Fiesta. Mientras el toro siga haciendo honor a su condición de bravo la emoción atraerá a aficionados y escépticos y la tauromaquia tendrá futuro. Si el toro se aborrega nadie ni nada interesará y todo acabará sucumbiendo.
Por eso el buen juego general de los astados lidiados en Algemesí ha provocado que se refresque la esperanza de cuantos tuvimos la dicha de presenciar los festejos. Sé que el comportamiento varía cuando los animales tienen un año más, pero permítanme soñar que la temporada que viene, cuando los hermanos de los novillos actuales sean toros hechos y derechos, viviremos una campaña emocionante.









