Gran parte de la grandeza de la tauromaquia estriba en el campo, en la libertad que representa para el toro y la satisfacción que aporta al aficionado. Cada vez son más los ganaderos que abren las puertas de sus fincas para goce y dicha general. El castellonense Pedro Jovaní lo hizo desde el primer día, y afirma que tiene la ganadería para disfrutarla junto a los amigos del toreo. Además, el comportamiento de sus erales está resultando tan bueno que ya sueña con lidiar su primera novillada picada, una apuesta avalada por los éxitos que le preceden. Lo merece doblemente, por su profesionalidad y por su señorío.






