No me gusta tener que forzar el pareado, en un caso como éste, pero la actualidad manda. Padilla, fiel a su trayectoria y en un rasgo de pundonor y vergüenza torera, quiso desafiar a lo que no debía, y acabo en las manos de los doctores que integran ese magnífico equipo facultativo de la enfermería de la plaza de toros de Valencia. No voy a repetir el parte facultativo firmado por el cirujano jefe, Crístobal Zaragoza, pues ya figura en estas mismas páginas, pero la verdad sea dicha, nunca suponíamos que alcanzasen tanta gravedad. Y eso que después de ver las duras imágenes, aún pudieron ser peor. Corrida de Fuente Ymbro, muy desigual en todo o casi todo. En presentación: los hubo de buena nota y también el caso del segundo, justito, justito, para Valencia. Primero y tercero, tambíén al filo de la justeza de fuerzas. Y tambíén desiguales de juego. Sin duda, el mejor el quinto, hasta que se le acabó el fuelle. De ahí que su matador, Curro Díaz se afanase por no perder el tiempo con probaturas y pronto se echase la franela sobre ambas manos, para dejar constancía del buen momento que atraviesa y que fue la constante en la pasada temporada. Toreo de grandes quilates. Padilla, ya se ha dicho. Todo pundonor y ganas de agradar. Gustará a unos más y a otros menos. Pero no engaña a nadie. Es un caso ejemplar de superación en un hombre terriblemente castigado por los toros. Manuel Escribano, …