Por mucho que se auto-declaren asociaciones sin ánimo de lucro, los dirigentes de la gran mayoría de organizaciones antitaurinas cobran sueldos suculentos que les permiten trabajar para recaudar fondos y diseñar campañas en contra de la tauromaquia. Las últimas estrategias han ido dirigidas a darse visibilidad ante el Papa de Roma y a anunciar la oposición a los toros de algún cantante y alguna actriz.






