Pretender que todos los recintos se adapten a las normativas de construcción y seguridad actuales es tan quimérico como injusto. Ni la plaza de toros de Béjar, ni la de Ronda, ni la de Las Virtudes, ni la de Almadén, ni la de Bocairent, por poner sólo algunos ejemplos, cumplen la legislación vigente en esas materias, y sólo su demolición y nueva edificación podrían cambiar tal circunstancia, algo que sería una auténtica aberración. Incluyendo todas las medidas de seguridad posibles, que las leyes contemplen salvedades para cosos históricos y singulares, como también es el caso de Algemesí, es lo lógico, pertinente y respetuoso.