Cuatro hechos han llamado la atención por encima de otros en los últimos festejos venteños: la depreciación del valor de la lidia, el aumento de la tasación del toreo épico, cuanto más dramático mejor, la recuperación de la figura del torero chulo rescatada por Cayetano, y el olvido de Jiménez Fortes para “coger” una sustitución.
Polémica en las Ventas para fijarse y sacar consecuencias. Orejas protestadas sobre todo. Presidencias desnortadas y público cada día más eufórico y chillón. Y sin saber este nueva avalancha de espectadores cómo es o debe ser la tauromaquia en Madrid.
Aunque lo visto en el ruedo en los últimos tiempos -para no hacerlo muy largo: en lo que va de temporada, o, centrando todavía más el tema, en este San Isidro que no parece tener fin- hace aflorar la ilusión y la esperanza, con grandes actuaciones de muchos toreros y muchos toros, también, dando juego y posibilidades, el panorama en torno al espectáculo taurino, la tan denostada fiesta nacional, no parece halagüeño ni pinta bien. Demasiados enemigos en contra, muchos intereses en juego, un gran desconocimiento en quienes atacan y la proverbial falta de unión del sector hacen que la situación sea complicada.
Venir a Madrid y Talavante de ejemplo. Fue en la 18ª corrida de San Isidro. Hay que valorar como se debe el gesto de Talavante de venir a una tercera corrida sustituyendo a un compañero con menos cartel, Paco Ureña. Muchos no se lo creían, pero fue así.
Muchos han sido los caballos que han adquirido notoriedad y fama a lo largo y ancho de la historia del rejoneo.
Las grandes ferias apenas programan novilladas. El mal de tener que pagar por torear sigue latente. Los costes de organización de este tipo de festejos son demasiado altos. Y a pesar de todo siguen apareciendo novilleros ilusionados. Un milagro… hasta el día que deje de serlo.






