Venir a Madrid y Talavante de ejemplo. Fue en la 18ª corrida de San Isidro. Hay que valorar como se debe el gesto de Talavante de venir a una tercera corrida sustituyendo a un compañero con menos cartel, Paco Ureña. Muchos no se lo creían, pero fue así.
La gran lección de Talavante ha sido mostrar a sus compañeros que se puede venir a Madrid más de una tarde, como hacen algunos, casi de puntillas en los carteles, o dos para no asumir grandes responsabilidades porque, claro, ya saben, Las Ventas se come crudos a los toreros. Por el contrario, lo que hizo la afición y su entorno fue quedar encantada con esta nueva comparecencia, no devolver entradas que tenía derecho por esta sustitución, y llenar la plaza.
Jugada de valentía de Talavane y de euforia, admiración y agradecimiento del público. Hasta le hizo saludar tras el paseíllo.
Recordaba Talavante en el callejón que dice un amigo suyo mexicano que Dios se aparece a los hambrientos en forma de comida.
Pues Dios se le apareció a Talavante el viernes en forma de puerta grande, presidente cariñoso y público eufórico y entregado al máximo antes y durante la corrida. Todo le parecía bien y cómo lo celebraba.
Sólo a un taurino, Pepe Ordóñez, le oí decir la frase : público bizcochable. Sí bizcocho puro. El bizcocho ya saben es para mojar en café o chocolate o leche etc y, encima, este bizcocho de público también se mojó(con la tormenta y mucha lluvia) . Quedó completa la escenificación.
Entre Talavante, el presi Gonzalo de Villa y el entradón agradecido hicieron el milagro. Tengo mis dudas de que el cariñoso presidente le hubiera dado las dos, y la Puerta Grande, en otras circunstancias. Pues para que vean los compañeros del extremeño que se puede venir a Madrid sin miedo porque este público premia los gestos y con mucha generosidad.
Y encima Talavante toreaba una tarde más en Las Ventas para entregar los honorarios a varias instituciones benéficas de su tierra extremeña. Tarde redonda para el torero, se mire como se mire, por sus resultados para sus deseos e intereses.
Y en la ruleta de la suerte taurina entró López Simón y también Dios le vino a ver. También le vino muy bien la gran euforia de la tarde. El público de Madrid está muy pocas veces tan entregado, tan incondicional.
Y poco tiempo después, horas, se fue con su equipo de fútbol, el Real Madrid, a Kiev, donde este Real Madrid de la suerte ganó la Copa de Europa, pero no le vimos dar un lance. Sólo lanceó, al parecer, el muy tatuado central y modelo de peinado para cada partido Sergio Ramos. Una pena que fallara esta promoción para el toreo y este torero. Hacer tantos kilómetros y no dar un pase. Y no chupar ni un plano. Ni una entrevista.
Los microfoneros sólo estaban pendientes de las palabras, tan aberrantes como inoportunas, de Ronaldo y Bale. ¿Se iban o se quedaban en el equipo blanco?. Dos enfermos de protagonismo y soberbia.
Y volviendo al principio, Alejandro había toreado ya en San Isidro sin que le hiciera falta porque , en una de sus dos anteriores, estuvo muy bien, pero quería más. Vino con ambición y afición.
Talavante valiente que has dejado a tus cautos y calculadores compañeros al relente.









