Me he fijado mucho en el público de Las Ventas los días que llevamos de San Isidro. Y en general la asistencia ha bajado. El personal se inclina como es lógico por los toreros buenos y conocidos. Sin embargo en épocas anteriores, no tan lejanas, los llenos eran diarios. Única también en eso.
Mayo del 68 sigue dando motivos para recordar, más allá de la famosa, y para muchos, inútil revuelta estudiantil de París, o el triunfo de Massiel en Eurovisión -igualito que ahora...- o la impresión causada en el mundo entero por la muerte de Martin Luther King, el líder del movimiento en pro de las libertades y derechos para los negros norteamericano, apóstol de la no violencia, abatido a tiros por un fanático blanco en Menphis.
Hay quienes se empecinan en repetir siempre las mismas mentiras esperando que se cumplan las aserciones del nazi Goebbels y del revolucionario ruso Lenin: “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”.
Gran lección de Fortes en sus declaraciones tras negarle la oreja el presidente, casi nuevo en esta plaza, y nuevo en San Isidro, José Magán. Era viernes y cuarta de feria.
Mientras París era escenario de uno de los acontecimientos que marcó la historia contemporánea de Francia, el llamado Mayo Francés del 68, caracterizado por una sucesión de huelgas y protestas espontáneas originadas por los movimientos estudiantiles y que se contagió a los sindicatos obreros, generando una protesta jamás vista en el país vecino, en la plaza de toros de Las Ventas se celebraba una feria de San Isidro tan triunfal como reivindicativa.
El 12 de mayo de 1990 fue primera vez que vi al maestro Alfonso Enrique Ponce Martínez. Fue una corrida mixta en la que actuaron en Valencia Juan Carlos Vera, Ponce y el entonces novillero Paco Senda. Se lidiaron toros de Sánchez Fabrés (pregonaos) y novillos de Montalvo.






