El pasado día 11 de mayo, mientras los asistentes a La Maestranza rugían a la espera de la apertura del portón, Pepe Moral aparcaba las largas esperas del hastío que durante tres años le cerraron las puertas de Sevilla.
Hace unos días España, o lo que que va quedando de ella, sufrió un nuevo desastre y aunque sin llegar a las proporciones del ocasionado por la dana de octubre, vuelve a evidenciar que estamos en manos de gente incompetente y que parece que lo que único que les importa es el cargo que ocupa y el sueldo que lleva aparejado. Lo demás no va con ellos.
Inolvidable lo de Morante en Sevilla. Pasa el tiempo por él y lo mejora. Vaya lances a una mano toreando como los ángeles. No lo habían visto los más viejos del lugar, pero alguno recuerda que Manuel Benítez “El Cordobés” lo intentaba. Pero también dicen que no se puede ni comparar. Incluso alguno se ha atrevido a decir que es tan importante como lo del rabo hace dos años. Que cada uno opine lo que quiera.
El nuevo clásico. Un romántico de formas añejas. Morante evoca a Gallito para demostrar que el toreo ortodoxo es eterno y que vuelve a estar de moda, que lo genuino es siempre emocionante. El de La Puebla conjuga la estética con la ética y recuerda que torear es un lenguaje ancestral que se transmite con el corazón, que se sueña.
Como es lógico estos días se acumulan las noticias en SEVILLA tras la genialidad histórica de MORANTE a una mano. Lo del Colón con el cartel presentado a MORANTE como “Habemus Papam”. No mezclemos. Solo le faltó lo de eminentisumum ac reverendisimum, cardinale… Y el detalle de la entrevistadora NOELIA pidiendo permiso a MORANTE... para acercarse a entrevistarle. O está MORANTE despistado o el mozo de espadas. Mira que olvidarse o no de encontrar a los de CANAL SUR para brindarles el toro en agradecimiento por televisar tres tardes desde la MAESTRANZA. Que son cuatro personas en la transmisión… y en lugar destacado.
No da tregua el agua, la lluvia, mejor dicho, generalizar en este caso podría dar lugar a equívocos y malos entendidos, y pese a su carácter benéfico para muchas cosas y en no pocos aspectos, para el negocio y espectáculo taurino sigue siendo un trastorno y causa de no pocos disgustos.





