Pues llegó lo que, según muchos, tenía que llegar, el mazazo, la espantá, el petardo, la decepción, el gran palo de One Toro. Lo más grave ocurrido al toreo[i]en muchos años. A los aficionados que pagaban (especialmente a los más vulnerables), a los seguidores de diferentes países y a la misma One Toro, que seguramente no podrá rehacerse de su apagón y por la irritación de dejarles sin las ferias de Otoño de Madrid, San Miguel de Sevilla y la despedida de Ponce en su Valencia.






