Debe tener recompensa. Cuando uno apuesta su vida de verdad, se impone a la fiera, emociona de forma unánime a una plaza entera y es aclamado como héroe victorioso por propios y extraños, lo lógico es que tenga recompensa. Máxime cuando todo ocurre en la plaza más importante e influyente del mundo. Paco Ureña protagonizó una de las actuaciones más sinceras, entregadas y sorprendentes de la pasada feria de San Isidro. En otros momentos eso le hubiera valido un botín de contratos. Pero, de momento, al torero murciano no le han llamado ni para un solo contrato.






