La estrategia de los abolicionistas es debilitar la tauromaquia desde la base. Saben que legalmente no pueden hacer desaparecer el toreo de un plumazo, así que nada mejor que romper el eslabón generacional para que en un futuro próximo no haya aficiones. Por eso, cada vez que consiguen prohibir los espectáculos cómico-taurinos, impedir el acceso a los menores, paralizar una feria o cerrar una plaza, aunque sea sólo durante unos años, están ganando batallas de suma importancia.






