Un músico callejero. Un virtuoso. Un artista. No llena estadios multitudinarios. No dispara el precio de la reventa. Puede ser que no haya tenido suerte. Quizá no la haya buscado. Pero, si se es capaz de escucharle, su música eriza la piel porque toca el alma con cada acorde. Viéndole recordé a muchos toreros buenos que no llegaron a donde se presuponía. Que injusto es el arte, y la vida.






