Son insistentes, persistentes, inagotables. Es cierto que para muchos de sus cabecillas es su forma de vida y significa su sustento. Quizá por ello no cejan en su empeño de lograr su cometido, acabar con la tauromaquia. Si encuentran un resquicio por donde atacar, los antitaurinos no descansan ni en fiestas. ¿Entretanto qué hacen los profesionales del toro?






