Tradicionalmente los toreros han sido tipos con cierta chulería, entendiéndose por ello que se distinguen por presumir de elegancia en su forma de vestir y de vivir, y también por adoptar, en muchos casos, una actitud un tanto bravucona y de desafío. Pienso que es algo que conlleva su habitual victoria ante la muerte. Hace unos días, el novillero Cristiano Torres se puso chulo realizando un brindis, y los inquisidores de las redes sociales se rasgaron las vestiduras. Seré un romántico, pero bendita osadía la del chaval, que está en las antípodas de la monotonía y el conformismo que demasiadas veces imperan en los ruedos. Ahora que cumpla sus intenciones, y la tauromaquia agradecerá su atrevimiento.






