Dicen que los duelos con pan son menos y que las penas se ahogan con risas. Es el humor arma infalible para ahuyentar demonios y depresiones y, sin embargo, no parece que se aplique con tanta frecuencia como sería menester y deseable.

Paco Delgado
Tampoco en el mundo del toro, que sufre las mas seria y preocupante crisis de, por lo menos, su más reciente historia, parece que nadie tire de humor aunque sea para hacer la situación mas llevadera.
Pero, de cuando en cuando, saltan noticias y surgen acontecimientos que dan pie a la esperanza y vuelven a demostrar que reir es una de las mejores medicinas y, como hace muchos siglos explicaba Horacio, “es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”.
Y si hubo alegría en taquilla, también hubo triunfo en el ruedo, haciendo inolvidable para los asistentes la hora y media de un espectáculo entrañable con reminiscencias de lo antiguo y sin embargo cargado de modernidad, con guiños a los nuevos héroes infantiles.
No hay que olvidar que desde bien pronto, en la historia de la tauromaquia aparecen las pantomimas y mojigangas, representaciones satíricas en las que se caricaturizaban diversos aspectos de la lidia y de la sociedad, y que a modo de entremés o remate se programaban junto a funciones seria o incluso en las misas, sirviendo de intermedio.
Ahora Juan Asenjo “El Popeye Torero”, de la mano empresarial de Gregorio de Jesús -cuyo padre llevó durante mucho tiempo el espectáculo de El Toronto-, se propone revitalizar el llamado toreo bufo que tantas satisfacciones dio a público y aficionados de un ayer no tan lejano y que en la actualidad es desconocido, aunque, a la vista está tras lo de Huelva, a poco que se le ayude y promocione puede volver a ser el semillero de afición que siempre fue y a proporcionar alegría y desenfado a la vez que trata asuntos mucho más trascendentales y que se explican de manera rápida y fácil a una audiencia con un tremendo poder de absorción y aprendizaje. Bienvenido sean de nuevo los cómicos.









