Los piques en quites hace décadas que desaparecieron. Salvo contadas ocasiones, rivalizar con la capa a cambio de perder opciones de triunfar con la muleta no es normal, ni siquiera parece lo más adecuado si se pretende que luego el toro soporte una faena que pueda propiciar el corte de orejas. Sin embargo, hay corridas que se recuerdan por la competencia en quites y muchas olvidadas a pesar de haberse conseguido trofeos.

Hace unos días España, o lo que que va quedando de ella, sufrió un nuevo desastre y aunque sin llegar a las proporciones del ocasionado por la dana de octubre, vuelve a evidenciar que estamos en manos de gente incompetente y que parece que lo que único que les importa es el cargo que ocupa y el sueldo que lleva aparejado. Lo demás no va con ellos.

Inolvidable lo de Morante en Sevilla. Pasa el tiempo por él y lo mejora. Vaya lances a una mano toreando como los ángeles. No lo habían visto los más viejos del lugar, pero alguno recuerda que Manuel Benítez “El Cordobés” lo intentaba. Pero también dicen que no se puede ni comparar. Incluso alguno se ha atrevido a decir que es tan importante como lo del rabo hace dos años. Que cada uno opine lo que quiera.

El nuevo clásico. Un romántico de formas añejas. Morante evoca a Gallito para demostrar que el toreo ortodoxo es eterno y que vuelve a estar de moda, que lo genuino es siempre emocionante. El de La Puebla conjuga la estética con la ética y recuerda que torear es un lenguaje ancestral que se transmite con el corazón, que se sueña.

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