Tengo que insistir porque lo hemos visto también estos días, todas las tardes o casi todas, en Valencia. La plaga de las corridas interminables, por faenas interminables, no hay quien la pare. Tengo que repetirlo. En las Fallas, alargamientos de faenas, avisos por doquier con la generosidad y paciencia además de los presidentes. Largometrajes todos los días. También lo soportamos en las ferias de Olivenza y Castellón. Y así ocurrió el año anterior y en temporadas precedentes. La plaga viene de lejos.

Ya se demostró el pasado año, con la instalación en el primer piso de  la exposición Los Toros son Cultura, otra sobre Manolete visto por Finezas, los carteles de Manolete o la que sobre el desafortunado y  recordado Manolo Montolíu se instaló en lo que fue tienda de la plaza  de toros de Valencia. El viejo coso que levantase Sebastián  Monleón,  del que este año se cumple medio siglo de su primera gran reforma -la  de 1968, la que la liberó de la verja que la cercaba y le dio mayor  aforo y su aspecto actual- tiene vida más allá del ruedo.

  Las embestidas de muchos toros son tan pastueñas de salida que a la mayoría no haría falta picarlos, y posiblemente tampoco banderillearlos. A este paso para practicar la tauromaquia del futuro no harán falta subalternos. Un poco preocupante ¿no?

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