La plaga de las corridas interminables. Artículo de Ricardo Díaz-Manresa

Tengo que insistir porque lo hemos visto también estos días, todas las tardes o casi todas, en Valencia. La plaga de las corridas interminables, por faenas interminables, no hay quien la pare. Tengo que repetirlo. En las Fallas, alargamientos de faenas, avisos por doquier con la generosidad y paciencia además de los presidentes. Largometrajes todos los días. También lo soportamos en las ferias de Olivenza y Castellón. Y así ocurrió el año anterior y en temporadas precedentes. La plaga viene de lejos.

Hay algunos que no se cansan de torear -es decir, de dar mantazos- hasta que el presidente generosamente le dice que ya han pasado 11 minutos porque en esto suelen ser de manga ancha y regalan uno, y supongo que más, cuando la faena es de triunfo.

Y contemplo preocupado que cada día más el público se adapta y traga en esta loca España de 2018. Otros no volverán. Se aburrirán. Pensarán del espectáculo que es pesado.

Incluso la emisora de pago que retransmite las corridas deja un espacio de 3 horas para el directo de cada tarde. Tres horas que pronto y a este paso las consumirán. Las consumieron y sobrepasaron el domingo 18 aunque con dos toros devueltos al corral.

Da igual que sean novilleros. Estos casi peor. O toreros emergentes que tienen que aprovechar la oportunidad y piensan también que el tiempo y…se eternizan con la muleta. Unos torean, otros lo parecen y otros se hartan de dar mantazos y de aburrir.

Y siempre tardes de avisos. Clarinazos a los 10 minutos que casi siempre son 11… No fallan. Los trompeteros tienen más trabajo que nunca.

Y en el caso de faenas triunfales pues el aviso suele caer inmediatamente antes de perfilarse para matar o cuando acaban de dejar la espada, muchas veces baja pero… eso da igual en la tauromaquia moderna.

Igual que las banderillas donde caigan. Eso de en el canto de un duro es ya una antigualla…

De dos horas y media se salvan pocas corridas. Incluso cinco minutos más y hasta diez. Y rondan también las tres horas menos cuarto.

En diez minutos hay tiempo de sobra para hacer dos faenas y con una sobra.

Y no sólo son los espadas. Cada vez hay más espacios muertos y más perder el tiempo entre tercio y tercio e incluso dentro del mismo.

Se lo tienen que plantear los toreros para no convertir las corridas en interminables y las faenas en demasiado largas.

Y que no olviden esos toreros pesados, muy pesados y pesadísimos que hasta los crueles tienen su público en cualquier actividad de la vida. Los pesados, nunca.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…