Vaya lío con Gonzalo Caballero en la presentación de la próxima Feria de San Isidro, en la gala que tuvo la semana pasada en el ruedo de Las Ventas –acondicionado para la ocasión con una gran y confortable carpa- con la presencia del mismísimo rey emérito don Juan Carlos y su hija la infanta Elena. Un enredo que no ha dejado a nadie indiferente.

Tras los festejos de la sierra madrileña, los de Ajalvir y  Valdemorillo -los más madrugadores y que a modo de calentamiento  hacen que se desperece el mundo del toro a esta orilla del  Atlántico-, la nueva temporada española ya está en marcha.

Toreros pesados, muy pesados o pesadísimos es la historia interminable de las corridas larguísimas, plúmbeas, con avisos siempre y series y series tan largas como aburridas y absurdas que no añaden nada como no sea la irritación del tendido que muchas veces grita para que acaben de una vez pero el torero quiere seguir, seguir y seguir. Y sigue. Dicen que los crueles tienen su público. Nunca los pesados. De los pelmazos huye todo el mundo.

Si ha servido para animar el cotarro, lo han logrado. La publicidad  ha surtido efecto y el cartel con que se ha movido la actuación del  grupo norteamericano Metallica en España ha cumplido con creces su  función. El famoso grito en la pared se ha dejado oir de nuevo y se  ha vuelto a poner de manifiesto que nada como llamar la atención para  vender.

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