Tras los festejos de la sierra madrileña, los de Ajalvir y Valdemorillo -los más madrugadores y que a modo de calentamiento hacen que se desperece el mundo del toro a esta orilla del Atlántico-, la nueva temporada española ya está en marcha.
Inició el camino la prometedora Feria de Invierno de Madrid y que en el Palacio Vistalegre -ojalá se recupere para una habitual actividad taurina- dejó ver las maneras de Curro Díaz, el valor de Emilio de Justo y una ganadería que ha marcado el paso en los últimos cincuenta años y que pretende seguir haciéndolo en este ejercicio que ahora arranca: la de Victorino Martín.
Olivenza, que ha sabido hacerse su hueco y goza ya de no poco predicamento y seguidores, a pesar del mal tiempo, ha dejado claro que esta de 2018 puede ser también brillante y triunfal. De su ruedo salieron triunfantes Enrique Ponce, Antonio Ferrera, Roca Rey, Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante, Ginés Marín y Juan José Padilla y tocaron pelo los novilleros Juanito, Toñete y Marcos. Más allá del balance contable, cuentan que Ponce sigue en su línea, increíble línea ascendente, de sublimación magistral del toreo; Talavante anda inspirado y con ganas y Ginés Marín anuncia que quiere confirmar las esperanzas puestas en él, al margen de que Padilla augure una gira de despedida en la que no escatimará esfuerzo ni ganas.
Tras el serial pacense, y casi sin solución de continuidad, la feria castellonense de La Magdalena ya dio motivos de alegría con la actuación y triunfo de otro nuevo valor de la tierra, Sedano Vázquez, que pone los dientes largos a los aficionados locales en la confianza de que, tras las promesas de Álvaro Amores, Bustamante, Alberto Ramírez, Soler Lázaro, Alejandro Rodríguez, Vicente Prades, Abel Valls, Diego Lleonart, Vicente Soler o Varea, por fin un torero local entusiasme tanto como lo hicieron, hace ya bastante más de medio siglo, Pepe Luis Ramírez y Rodríguez Caro.
También los rejoneadores actuantes en la segunda función magdalenera abrieron la puerta grande, con mención especial para un soberbio Leonardo Hernández, y se espera que la racha triunfal siga en las corridas del tramo final de la feria, con la doble presencia de Manzanares, que reaparece en España después de su lesión de cervicales que le obligó a dejar los ruedos a mitad de verano, el adiós de Padilla, el interés por Juan Bautista, las ganas de Perera, la reaparición de El Juli tras su percance de Bogotá, la atracción que siempre genera Talavante, la apuesta de Fandi, Castella y Varea ante los toros de Victorino -otro de los grandes atractivos del ciclo-, el magisterio de Ponce y el arrojo de Roca Rey. Buen menú, con ingredientes de primerísima calidad y que debe dejar satisfechos a los paladares más exigentes.
Y, solapándose con el tramo final de Castellón, la feria de fallas abre una nueva ventana a la esperanza para que Román -el único nombre que se repite en esta feria- avance varios pasos más en su carrera. Junto al extrovertido y carismático torero valenciano aparecen las figuras consagradas -con la excepción de Juli y Diego Ventura- que dan tono y madurez al abono, y jóvenes valores que esperan esa oportunidad que les permita avanzar unas casillas: Álvaro Lorenzo, Luis David Adame, José Garrido o Ginés Marín. Nombres, y hombres, que, a la espera de cómo resulten las cosas -el destino es inescrutable, por mucho que nos empeñemos en saber antes de hora qué pasará mañana- que conforman carteles con tirón suficiente como para que la de fallas sea una buena feria, una gran feria. Lo que, a priori, no es poco. A ver si se confirman los pronósticos y todos salimos contentos. Sería una muy buena señal.









