En el toreo hay dos máximas que lo perpetúan: la impredecibilidad y la emoción. Con Curro Romero se cumplían las dos premisas. Sin duda era un artista sublime, extraordinario, excepcional, único, irrepetible, eterno… Su “religión” trascendía los ruedos para convertirse en un modo de entender la vida.
Que me perdonen pero no entiendo nada de este mundo: a FERNANDO ADRIÁN no le hacen caso los medios digamos informativos -para ser generosos- durante meses, como si no existiera, tras dos puertas grandes en Madrid, y ahora todos los llamados comunicadores danzan a su alrededor a diario. ¿Qué ha pasado para este cambio radical? ¿Antes nada y ahora...? Que me lo expliquen. Así está todo.
Hace unos días se cumplió el aniversario del nacimiento de uno de los grandes de la información taurina, hoy un tanto olvidado y arrinconado, siendo como fue primerísima figura y maestro de varios maestros posteriores. Aparte de una persona cultísima y de gran sentido del humor. Hablo de Curro Meloja.
También y tan bien, muy bien. En el BARATILLO. En la capilla de la Hermandad más torera de SEVILLA, que le quitó el puesto a la de SAN BERNARDO, de los VÁZQUEZ. Se reza y se torea. Verán. Es la MISA DE LOS TOREROS, en acción de gracias por la temporada. Y tiene que ser en Sevilla. ¿Dónde mejor si no?¿Conocen alguna otra? En las Ventas y en la arena de la primera, en temporada, pero diferente.
Ha colocado nuestro presidente, de cuyo nombre no quiero acordarme, de ministro de Cultura a un comunista, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, que llama sádicos a los del mundo del toro cuando igual el sádico es él.
Una de las estrategias antitaurinas es acabar con los recintos más emblemáticos e influyentes. Sin cosos determinantes donde refrendar los éxitos de provincias, donde aspirar a la gloria y donde obtener repercusión, el toreo irá languideciendo. Cayó Barcelona, y las capitales de Venezuela, Colombia, Ecuador y México, donde además acaban de suspender los toros en Guadalajara






