El Viti ha vuelto a triunfar en Madrid. Cuarenta años después de su último paseíllo en Las Ventas, la plaza donde su nombre fue referencia de una época de grandes toreros; y donde batió todos los récords, sin que nadie hasta ahora haya podido arrebatárselos: dieciséis Puertas Grandes -dos de ellas como novillero- a lo largo de su importantísima carrera en los ruedos.

En el arte del toreo imperan las estadísticas, y en especial en el escalafón de novilleros donde las fichas se imponen a las crónicas. O puntúas o te quedas en casa. Hoy se torea mejor que nunca, sobre todo a edades muy tempranas, pero ahora hay chavales que cortan un rabo y al momento no te acuerdas de nada de lo que han hecho, no dejan huella.

Durante bastante tiempo, y sobre todo en la plaza de toros de Madrid, se censuraba mucho a los toreros que metían el pico. Es decir, que no presentaban la muleta plana, sino oblicua y además citaban con el extremo de esa  muleta, con el pico, para echarse al toro para fuera y aminorar el riesgo y la verdad del toreo.

Los resultados de la última jornada electoral, en su ámbito municipal, autonómico y europeo, han dejado sensaciones  contrapuestas para los aficionados, que no acaban de ver claro que nadie, pasado el turno de promesas y te quieros para siempre, se acuerde ya del espectáculo taurino.

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