Hasta que completemos la “desescalada” y acabemos totalmente “desconfinados”, y mientras esperamos que la “cogobernanza” consiga un desarrollo económico, social e institucional duradero para alcanzar la “nueva normalidad”, no estaría mal que alguna televisión apostara ya por retransmisiones taurinas desde el tesoro medioambiental que son nuestras dehesas.
Pasan los días, las semanas y los meses, ya estamos casi a mitad de año, y el mundo sigue paralizado por el coronavirus. Y si en otros puntos del globo parece que comienzan a encontrar remedios y a respirar, por estos lares, lejos de ver el final del túnel, seguimos dando palos de ciego y sin saber muy bien para donde tirar.
Se habrán dado cuenta que se puede vivir sin toreros, futbolistas, deportistas en general y mundo del espectáculo.
La crisis del coronavirus está obligando a sacrificar muchos toros sin ser lidiados, por el camino demasiadas ganaderías acabarán sucumbiendo, y lo peor es que entre ellas perecerán muchas de las dedicadas a criar encastes minoritarios, un tesoro genético siempre en peligro de extinción y ahora con un futuro todavía más incierto.
Coronatoro. Más que el coronavirus (pongamos coronavi para hacerlo más corto y más fácil de pronunciar), el covid 19, la pandemia y la enorme tragedia de tantos muertos, parece que el pueblo español, el Gobierno no digamos, permanece impasible, pero lo que va a hacer gravísimo daño al mundo de los toros va a ser el coronatoro.
Está claro, esta temporada pasara en blanco no se celebraran las tradicionales ferias y corridas de toros, rejones o novilladas que se programaban en nuestras ciudades y pueblos con motivo de sus fiestas patronales. A Sevilla y Madrid se han sumado Badajoz y Pamplona, otras como Valencia, Castellón y Alicante es muy dudoso que se puedan celebrar en julio o septiembre tal y como se pensaba.






