Aunque, stricto sensu, no sea nuestro patrón, que -puede que de manera equivocada pero fírmemente arraigada en nuestro ideario- es el curro diario y sin horas, si bien también ponemos velas a la diosa Fortuna, del santo pamplonica se espera que despliegue su capotico y que con más arte que Morante y tanta eficacia como Esplá permita que su feria sea brillante y sin desgracias.
Con la que está cayendo en España, que parece inconcebible, pero hay que seguir y hablar de los sanfermines, que son sanfermines frivolizados. Cada año más. ¿Y cuál es una de las armas más terriblemente poderosas para poder hacerlo? La tele. Y ¿quién puede seguir frivolizando?. Pues la tele.
Normalidad en la temporada con la pareja de figuras a lo suyo, Talavante haciendo pinitos y los triunfadores de ahora que van detrás siguen triunfando con la complacencia y aprobación de la actual afición y sus tragaderas.
La política de venta de entradas para la miniferia de octubre de Valencia va más allá de los precios. La obligación de adquirir un paquete de tres festejos para poder asistir a la corrida estrella plantea interrogantes sobre si determinadas estrategias comerciales contribuyen a acercar público a las plazas o, por el contrario, si incluso dificultan el acceso a las novilladas.
Una temporada más, el serial alicantino que por San Juan sirve para formalizar el rito de purificación por el fuego, marcó también el comienzo de la segunda parte de la campaña taurina, que ya sin solución de continuidad llegará hasta octubre con toros a lo largo y ancho de toda la geografía española y que desde Alicante se tiñe de colores de fiesta y confirma el arraigo del espectáculo taurino.
Llega julio con avalancha de transmisiones en directo de festejos televisivos, moda desde que empezó la temporada y que ya viene de temporadas anteriores. Moda positiva y bienvenida, que se ancla con una moda histórica española, que es la de pasar del todo a la nada y viceversa. Pero eso es España.






