Bueno, pues parece que este cuento se acabó. El de Barcelona. Pese a que nos las prometíamos muy felices, tras la decisión del Tribunal Constitucional de anular la prohibición de dar toros en Cataluña, la realidad, que es algo que, cuando uno deja de creer en ello, no desaparece, tozuda como una mula e infalible como la muerte, ha venido a dejar claro que todo fue un sueño.






