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Con las fiestas en honor al patrón de Madrid el mundo de los toros sólo tiene ojos prácticamente para lo que pasa en el ruedo de Las Ventas, donde hasta bien entrado junio se celebra la feria más extensa, intensa y determinante del orbe taurino. Más de un mes de toros en el que se dirime y decide cómo será la temporada.

Raros y sorprendentes por lo menos. La sociedad cambiando y ya no la reconoce ni la madre que la parió. Los sanisidros de ahora con menos figuras y toreros interesantes que nunca y más llenos que en la vida y con la plaza no abonada más cara desde hace pocas temporadas, parece no tener una explicación lógica.

Las grandes rivalidades del toreo siempre trascendieron el ruedo. Desde Pedro Romero y Pepe-Hillo, Cúchares y Chiclanero, Bombita y Machaquito, Gallito y Belmonte, Manolete y Arruza, Dominguín y Ordóñez, El Viti y Diego Puerta, las peleas entre “El Cordobés” y Camino hasta la reciente tensión entre Morante y Roca Rey, la competencia entre figuras ha sido uno de los motores emocionales de la Tauromaquia. En una época marcada por el compañerismo y la ausencia de pique entre toreros, el interés que hoy despiertan Morante y Roca Rey demuestra que cuando hay figuras con personalidad, capacidad artística y rivalidad auténtica, la Fiesta sigue muy viva.

Su aparición causó sorpresa. Una cierta indiferencia en un primer momento, cuando buscaba abrirse paso en el tan difícil mundo de los maletillas y rindió a todo el mundo cuando, por fin, logró alcanzar la meta que se había propuesto y la gente se volvía loca con lo que hacía. Manuel Benítez “El Cordobés”, que acaba de cumplir 90 años, fue un caso y se le sigue recordando como un fenómeno.

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