Es importante ser justos en la concesión de premios, máxime cuando se trata de novilleros, jóvenes ilusionados en una carrera tan apasionante como dura. Anteponer un nombre sonoro a otro de menor fama aún cuando éste haya realizado méritos sobrados para ser declarado triunfador, además de ser injusto, resta categoría, rigor e imparcialidad a los propios premios. Porque un galardón debería dignificar antes a quien lo concede que a quien lo recibe.






