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El mundo moderno, el que nos ha tocado vivir, viene marcado por la velocidad con que todo sucede y la mayor rapidez con que se lleva a cabo cualquier proceso. Sin embargo, los festejos taurinos han cambiado su dinámica y en la actualidad parece como si cada día se hiciesen más largos…

El Sábado dentro de la Semana Santa  no es de Gloria, como fue hace muchos años ya, sino que está en la Semana Grande de la Iglesia Católica como Sábado Santo, día pues de luto. Hace tiempo que España, entonces de mayoría total católica, respetaba estas fechas, pero ahora no hay por qué en la nueva sociedad, pero una cosa es seguir y otra respetar y hay medios informativos que continúan con la cantinela de Sábado de Gloria, como cuando hablan de encerronas o de que hay tres cuartos en la plaza. ¿Dónde si no? ¿En la taberna del tío Pepe?

Salvo en contadas ocasiones, las plazas de toros no consiguen llenar sus tendidos. Se presume que el Abril sevillano y el San Isidro madrileño serán dos excepciones que no deben maquillar un problema que hay que atajar cuanto antes. El alto precio de las entradas en tiempos de crisis, los continuos ataques antitaurinos y la falta de emoción que demasiadas veces se desprende desde el albero, son los tres ejes principales sobre los que se deben buscar soluciones inmediatas. La foto que ilustra el artículo es el irrefutable ejemplo del hastío que provocan algunas corridas. Un aficionado que ha pagado más de 170 euros por su localidad, prefiere jugar al Candy Crush en su móvil que atender a la lidia. Muy preocupante.

La posibilidad cierta de la cogida es lo que diferencia a las corridas de toros de cualquier otro espectáculo. La presencia de la tragedia ronda por la plaza desde que sale el primer toro hasta que se arrastra al que cierra la función. Y en el momento menos pensado puede suceder lo peor. El guión se escribe a cada muletazo.

La foto de ÁLVARO DE LA CALLE tras la corrida. Con su hija. Con su mujer. Los tres. Andando hacia el cercano hotel pero andando. Tras la proeza. La foto del matador. Y de la familia. La foto. Gigantesca y ejemplar. La foto del héroe.

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