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Sevilla 2023, adelante o atrás, menos o más. Y la eterna polémica, cuando hay muchas Puertas del Príncipe, muchas orejas, muchas faenas de dos, muchas vueltas al ruedo a toros destacados. Y hasta un rabo 52 años de sequía. ¿ Es, entonces, todo maravilloso? ¿Lo mejor es que sea justo, ya no riguroso, o llevado por la alegría y el optimismo? Muchos coinciden en que el público de Sevilla y ese palco convulsionado han bajado muchos enteros. Otro que no, que tanto entusiasmo, verdadero, falso, exagerado, razonable, ilógico o sensato  aumenta la afición a los toros.

Por mucho que algunos políticos antitaurinos reiteren que la tauromaquia está obsoleta y que ya no interesa a nadie, la evidencia es bien distinta. Las calles de los pueblos que organizan festejos populares se colapsan con la salida de cada toro, y la ocupación de La Maestranza durante la recién finalizada feria de Abril de Sevilla ha demostrado que el toreo atrae a público de todas las edades. La salida a hombros de Morante, con el ruedo invadido de forma espontánea por la juventud, fue la mejor demostración de que los toros emocionan, conmueven y cautivan.

Si hasta el día 26 de abril la actual edición de la feria de abril de Sevilla estaba dando titulares y argumentos para la esperanza, a partir de ese día hay que considerar ya a este serial como histórico. Morante de la Puebla, otra vez él, puso la plaza boca abajo tras una faena antológica. Cortó un rabo, colapsó la ciudad, desató la locura y demostró lo grande que es el toreo.

Tres días en la feria de Abril de Sevilla han servido para impregnarme de ambiente taurino y recargar las pilas de una pasión que a orillas del Guadalquivir se vive sin complejos y con una intensidad muy superior al de otras latitudes. Mi visita anual a La Maestranza refuerza mi afición y se ha convertido en una costumbre que espero con anhelo cada temporada

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