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Lo que ocurrió en Madrid el 11 de mayo en la plaza de Las Ventas es de lo peor que he visto en los últimos años. Puerta grande a EMILIO DE JUSTO por una faena discutible y discutida y un casi bajonazo. Público enloquecido NPI. Presidente NPI que no vió -debe tener algún defecto en la vista- dónde cayó la espada ni supo contar pañuelos, seguramente no hizo una buena primaria ni terminó por saber las cuatro reglas.

Con el inicio de la feria de San Isidro Madrid pasa a ser no sólo la capital de España, sino del mundo, del taurino, por supuesto, convirtiéndose en el punto de mira y foco de atención de los aficionados de todo el orbe. Lo que suceda a partir de ahora en el ruedo de Las Ventas tendrá, o no, una trascendencia puede que definitiva para sus protagonistas.

Cuando aparecieron en su día los carteles de las ferias de abril de Sevilla y los de San Isidro 2023 el espectro de la comunicación global, antes periodismo, ya desaparecido, se llenó de opiniones críticas. La base era la falta de oportunidades y la repetición otra vez de los carteles muy vistos, en los que siempre aparecen casi los mismos.

Por muy bien que toree, por sublime que lancee con el capote, por profundo que surja algún natural, por mucho que corte orejas en plazas de pueblos, si los éxitos no suceden en los cosos de categoría, el torero no conseguirá alcanzar su objetivo de subir enteros en su consideración y cotización. Para ser figura del toreo, poder exigir y pasar a la historia, los triunfos han de producirse donde sale el toro con trapío, donde el público es exigente, donde la prensa analiza y da fe de lo sucedido, y donde sólo los mejores son capaces de sacudirse la presión para acabar expresándose en plenitud.

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