“Si tienes un hijo subnormal mételo a Policía Nacional”. Artículo de Carlos Bueno

Los sanfermines son alegría, carreras, alcohol, turismo, facturación, astados, desenfreno, aficionados, cánticos, desconsideración, dureza, riesgo, mérito, incorrección, rentabilidad… Pamplona por San Fermín es única y nada tiene que ver con la realidad del toreo. Los encierros matutinos llegan a las pantallas de medio mundo y son un fantástico escaparate taurino, pero las corridas vespertinas siguen desaparecidas de la televisión en abierto. Por fortuna, así, algún comportamiento incívico queda en el ostracismo.

 

 

 

Durante la semana de fiestas, la población de Pamplona pasa de 280.000 habitantes a más de un millón. Lo que ocurre en la capital navarra en San Fermín es un caso único, sin parangón y no representativo de la realidad del toreo más allá de la Comunidad Foral entre el 7 y el 14 de julio de cada año. Un dispositivo formado por cien profesionales y más de 30 cámaras de Televisión Española llevan las imágenes de los encierros matutinos a todo el mundo. Al frente de la programación especial varias caras de amplias sonrisas y gran desparpajo que no saben diferenciar un Saltillo de un Atanasio, que no distinguen a Juan Pedro Domecq de Ricardo Gallardo, que no saben quién es Román ni Fernando Robleño; expertos en diseccionar las carreras de los mozos junto a los astados, pero incapaces de hacer un guiño a las corridas de cada tarde sin las cuales no existirían los encierros ni la ocupación de la ciudad se multiplicaría por cuatro.

 

La llamada del toro consigue inundar las calles pamplonicas de personajes ávidos de fiesta. De ellos, casi 20.000 llenan el coso taurino día tras día, pero a la mayoría les da lo mismo quiénes toreen y cómo toreen. La Casa de Misericordia, organizadora de este evento singular, paga mejor que nadie a los toreros; ese es el motivo de que no suela faltar casi nadie de los requeridos. Las charangas no cesan de tocar durante el festejo. Los cánticos se suceden: “Si tienes un hijo subnormal, no lo dudes más, mételo a Policía Nacional”, dice uno de ellos, que se corea aunque un coletudo ingrese en la enfermería con una cornada. Hay quienes cocinan en los palcos. En la zona de sol nadie mira hacia el ruedo, y muchos concurrentes están de espaldas a él.

 

Este año, miembros de las peñas colocaron una gran pancarta en favor de los asesinos criminales de la banda terrorista ETA durante la celebración de la primera corrida, al tiempo que dedicaban insultos a la recién elegida alcaldesa de forma democrática. Durante la salida a hombros de un matador, algunos indeseables lanzaron basura al espada mientras abandonaba el coso por la puerta grande. No, lo que ocurre en la capital navarra no es representativo de la realidad de la tauromaquia. Puede ser que le venga bien a nivel de promoción, pero nada tiene que ver con el respeto inherente al toreo.

 

Por fortuna, la mayor parte de estas estampas deleznables se esconden, no aparecen en los medios de comunicación, y además los toreros se llenan la saca y callan. En las retransmisiones de las corridas se baja el nivel del sonido ambiente y se enfoca hacia otra parte. Y lo que acaba trascendiendo es la apabullante afluencia de público y el tirón de los encierros. Gora San Fermín, que tan buena imagen deja y que tan suculentos dividendos proporciona.

 

Pero fuera de Pamplona hay más toros, más festejos, más ciclos, aunque menos mediáticos. Y eso conlleva más dificultades para confeccionar carteles y para rentabilizarlos. También comporta mayor compostura en los tendidos y admiración hacia quienes se juegan la vida. Y es que de todo tiene que haber para que cada recinto taurino conserve su idiosincrasia.

 

En mi tierra valenciana en breve se iniciará la Feria de Julio, la más antigua de todas, otrora la más importante. Hoy está en horas bajas. La falta de ambiente festivo a orillas del Turia, el cambio de costumbres, el calor, el tirón de la playa y el campo, el auge del serial de Fallas y también algunas dejadeces empresariales, acabaron provocando una situación delicada. A la gente le cuesta llenar el coso y el número de funciones ha disminuido de forma alarmante. Este año se ha confeccionado un cartel rematado para intentar fidelizar a la clientela. Sería buena cosa que el público respondiera y que en años venideros se pudiese aumentar la oferta y potenciar el apartado torista. De momento, me conformaré con que no se les tire basura a los toreros, con que no se exhiban pancartas políticas y con que no se cante eso de: “Si tienes un hijo subnormal, no lo dudes más, mételo a Policía Nacional”. Qué horror.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».