División de opiniones

Fórmula taurina tradicional que reflejaba cómo había resultado la actuación de un diestro en función de la respuesta controvertida del público, que pitaba u ovacionaba según había visto y entendido la lidia. Hoy se ha perdido, casi, y la gente ha uniformado de manera alarmante su criterio.

 

 


Paco Delgado

 

Con todo, sigue habiendo espectadores y aficionados que discrepan y piensan al margen de la mayoría haciendo uso de su derecho a opinar libremente  y distinguirse de la masa. Kierkegaard lo tenía claro: un individuo puede equivocarse a veces, pero la mayoría, cuando actúa o se manifiesta en bloque, se equivoca siempre.

Y si todo en la vida es susceptible de ser visto de manera diferente por dos espectadores distintos, la fiesta de los toros es materia especialmente propicia para la controversia, siendo raro que dos aficionados opinen exactamente igual con respecto a una faena concreta y, mucho más extraño, que lo hagan sobre el conjunto de un festejo completo. Siempre hay matices, aspectos aislados, peculiaridades en cualquiera de los actores -toros y toreros- que son apreciados de forma distinta por unos u otros. Nadie tiene la posesión absoluta de la verdad.

Es también muy taurino, y muy de quien se considera taurino -apartado que engloba tanto a quien se dedica al negocio de los toros como a quien siendo sólo público, por su grado de implicación, cercanía o interés se mimetiza con quien se dedica profesionalmente a esta industria- el convencimiento de una realidad única, propia, intransferible y, por supuesto, incompatible con la del común de los mortales.

Sin saber nada de Schopenhauer, -ni siquiera puede que hayan oido hablar de él-, hacen suyas las ideas del filósofo alemán y se consideran poseedores de un pensamiento que se sostiene a sí mismo y constituye una unidad lógica independiente, sin nada que ver con lo que alguien ajeno pueda creer o, peor, interpretar, asumiendo, rizando el rizo hasta llegar a Marcuse, que el pensamiento unidimensional resulta del “cierre del universo del discurso”. Ole.

Esa especie de cerrazón,  de intransigencia -puede que hasta de intolerancia- se suele manifestar en una frase ya muy popular y que, según quien la pronuncia, da por zanjada una discusión o un intercambio de pareceres. Cuántas veces, al comentar o debatir una función taurina hemos leído, o escuchado estando hablando con alguien, eso de “yo no he estado en esa corrida”, refiriéndose el emisor de la frase a la abismal diferencia entre lo que las partes exponen sobre un mismo tema. Dando por sentado, por supuesto, que la razón se encuentra del lado del que no ha estado en aquella corrida, que no considera digna de crédito ni ser tenida en cuenta la versión -ni la capacidad técnica de la otra parte- de quien opina en contrario. “He leído todas las crónicas de la corrida de ayer y me doy cuenta de que yo no estuve en esa corrida” es expresión  ya muy manida que esgrime quien se considera el único capacitado no sólo para opinar, sino para desentrañar los misterios de algo tan complejo como la lidia de un toro bravo. Es curioso también que suelen ser quienes así se pronuncian autodenominados “aficionados de postín” o “buenos aficionados” y que, casi seguro, lo que querrían es ser ellos quienes firmasen esas crónicas de corridas en las que resulta que no han estado a tenor de lo que los demás argumentan y explican.

No es fácil presenciar una corrida de toros y son muchísimos los factores que influyen en su desarrollo y que hay que tener en cuenta a la hora de su análisis y valoración. Y son muchos también los condicionantes y puntos de vistas que deben ser observados para formarse una idea de cómo discurre el espectáculo y cómo debe ser tratado para que el lector o el oyente se haga una idea lo más fiel posible de lo que haya sucedido en el ruedo. Pero que ese mensaje sea idéntico o muy similar a lo que ha visto cada uno de los que asisten a ese evento es como pretender que todos nos pongamos de acuerdo a la hora de creer en un único Dios verdadero. O en las bondades de lo políticamente correcto, que, como podemos comprobar a diario, es un camino de perfección que ni Santa Teresa pudo imaginar y que nos está llevando a un paraíso terrenal del que jamás habíamos creído poder disfrutar.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.