Bajo la banal e insostenible excusa de que el público se ríe de los participantes en espectáculos cómico-taurinos, generalmente personas con enanismo y acondroplasia, ciertos políticos se han apropiado de la defensa de la dignidad de los toreros cómicos, una bandera que nadie les ha pedido que enarbolen y que no les corresponde. Quienes presencian estos festejos se ríen con los protagonistas, no de ellos. Del igual modo que se ríen con Charlot, Cantinflas, Chiquito de la Calzada, José Mota o Leo Harlem. ¿Acaso a ellos también se les debería haber impedido actuar?






