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Con la muerte de Fernando Sánchez Dragó se ha vuelto a poner de manifiesto el tan especial carácter español y no han sido pocos los que han aprovechado la desgracia para arremeter contra uno de los personajes más preparados, inteligentes y atractivos de nuestra cultura.

Pues todo cambia. Y cómo cambia, afirmaba en mi artículo anterior. Pues ya lo está haciendo José Tomás con sus corriditas de sus 4 toritos que las tragan enfervorizadamente unos cuantos españolitos, a los que ustedes definirán si pueden y lo ven claro.

Vamos a los toros, a la plaza de toros, a los toros de la calle, al toro embolado, al toro de cuerda. El toro es el común denominador que nos une. Muchos aficionados al toreo en plaza han mirado a la gente de la calle por encima del hombro, y se equivocan. En la calle están las raíces, la tradición y el poder. Si la calle aguanta la tauromaquia pervivirá, y el toro está fuerte en la calle le pese a quien le pese.

Consumidos ya los aperitivos y primer plato de la temporada, las ferias de fallas y Magdalena dejan un sabor agridulce. La respuesta de público ha sido dispar, con mucho mejor nota en Valencia que en Castellón, y lo hecho por los de coleta tampoco ha vuelto loco a nadie, aunque los nuevos hayan ilusionado.

En los mentideros taurinos mejicanos se barrunta una noticia que, de acabar produciéndose, sería una auténtica bomba para la tauromaquia. El empresario de la Monumental de Insurgentes estaría negociando con Enrique Ponce y José Tomás su inclusión en el cartel de la reapertura de la plaza la próxima Temporada Grande. El valenciano y el madrileño no coinciden desde junio de 2007.

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