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Lo primero que hay que aclarar es que si Diego Puerta, uno de los diestros con más valor en la historia del toreo, con más de 50 cornadas en sus carnes, y casi 1.200 corridas de toros en su vida profesional,  fue llevado a la cárcel, no fue por dejarse vivo algún toro, o por haber estado peor que Cagancho en Almagro, circunstancia que, como muchos recordarán, dio lugar a la famosa viñeta  publicada en los años veinte en el ABC verdadero, en el que dos ratoncitos estaban en una celda carcelaria, en actitud de espera, cuando uno de ello se dirigió al otro y le digo "qué raro, las ocho y Cagancho sin llegar".

Esta anécdota la comentaba Antonio Vera, torero, hermano de torero y padre de torero, hace ya un montón de años en una tertulia taurina que se hacia en el desaparecido café El Fénix de Valencia,  donde en la actualidad hay un establecimiento de ropa de señora y caballero, en el edificio que ocupa la compañía de seguros La Unión y el Fénix.

La siguiente anécdota me la contó personalmente Ángel Luis Bienvenida, en una tertulia nocturna madrileña inolvidable, no solamente por lo que se habló en aquella reunión, si no también por la categoría de los asistentes: la flor y nata de los mejores aficionados del mundo.

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