Lo primero que hay que aclarar es que si Diego Puerta, uno de los diestros con más valor en la historia del toreo, con más de 50 cornadas en sus carnes, y casi 1.200 corridas de toros en su vida profesional, fue llevado a la cárcel, no fue por dejarse vivo algún toro, o por haber estado peor que Cagancho en Almagro, circunstancia que, como muchos recordarán, dio lugar a la famosa viñeta publicada en los años veinte en el ABC verdadero, en el que dos ratoncitos estaban en una celda carcelaria, en actitud de espera, cuando uno de ello se dirigió al otro y le digo “qué raro, las ocho y Cagancho sin llegar”.
No, no fue por eso. Fue porque en la primera corrida de la feria de Lima, de hace muchos años, su compañero Rafael de Paula, se mostraba incapaz de acabar con el toro y el puntillero de la plaza tampoco estaba acertado, uno, dos, tres, y varios intentos de apuntillar. Primer aviso. Otra tentativa, uno, dos, tres, idem idem idem, Segundo aviso.
Entonces, Diego Puerta que se encontraba vestido de paisano en el callejón, no lo dudó. Se agenció de una puntilla y desde el burladero acertó a la primera, recordando sus viejos tiempos en el matadero sevillano.
La autoridad detuvo a Puerta y posteriormente lo llevaron a la cárcel. pero todo por haber demostrado que con la puntilla era más que un excelente puntillero.
Las cosas del toro…









