Esta anécdota la comentaba Antonio Vera, torero, hermano de torero y padre de torero, hace ya un montón de años en una tertulia taurina que se hacia en el desaparecido café El Fénix de Valencia, donde en la actualidad hay un establecimiento de ropa de señora y caballero, en el edificio que ocupa la compañía de seguros La Unión y el Fénix.
Recuerdo que en esa tertulia eramos habituales, Jesús Murciano “El Suso”, Joselito Moreno “El Tarta”, el mozo de espadas y gran amigo mio, Pepe García, Jaime Soriano “El Forneret”, Pepe Moncada, Jaime Perales, El Niño Mateo, Luis Santos, Eliseo Capilla y sus hijos, Eliseo y José Manuel, Félix Buedo, Luis Flores, Rafael Marzal, el inolvidado Paco Honrubia, los hermanos Vicente y Pepe Catalán, Gaspar Jiménez, Benjamín Folgado, “Chatet”, Félix Gullen, Antonio Vera, y otros más que harían muy larga esta relación.
Pues bien, en la tertulia, Antonio Vera, refirió que su hermano, el matador de toros, Enrique Vera, que tambíen hizo sus pinitos en el mundo del cine: recuérdese “El último cuplé”, con Sarita Montiel o “Tarde de Toros”, con Domingo Ortega y Antonio Bienvenida, cuando tenía doce años estaba anunciado para torear una becerrada en Castellón.
Por la mañana, Enrique sintió curiosidad por presenciar el apartado y se dirigió a la plaza. Al llegar, un portero le negó la entrada. Enrique protestó diciendo, “oiga que yo toreo esta tarde”. El portero lo tomó a broma y le amenazó con darle un escarmiento.
Enrique se marchó. Por la tarde una vez vestido de luces, lo primero que hizo fue dirigirse al portero y repetirle, “oiga que yo toreo esta tarde”. Esta vez el portero no tuvo más remedio que recoger velas y pedirle disculpas.









