Sí, a las cinco de la madrugada del Jueves Santo, hora que según la Historia estarían juzgando y condenando al Jesús Nazareno. Sí, toreando como en la plaza, pero sin capotes ni muletas. Escuchando el pasodoble El Gallo a todo motor y sin parar y batiendo palmas, a esas horas, por calles y plazas, unos miles de personas seguidoras de San Pedro, como si estuvieran en el tendido entusiasmados y divertidos.






