Nos anuncian un nuevo y descansado San Isidro para el 2020. Supongo que esperando lo que incordien los nuevos gobernantes, que en Madrid creo que tienen poco que hacer.
Nos anuncian un nuevo y descansado San Isidro para el 2020. Supongo que esperando lo que incordien los nuevos gobernantes, que en Madrid creo que tienen poco que hacer.
De las tres ferias grandes, las de las capitales. Bilbao, San Sebastián y Vitoria. La de Bilbao, agonizando. La de San Sebastián dando tumbos y venida a menos al ser reducida a la mitad. Y la de Vitoria, muerta del todo, aunque se puede esperar una resurrección (tan improbable como difícil).
Sin entierro público, sin funeral, en silencio total, o sepulcral, que es lo que viene al pelo. Sin nadie que lo eche de menos. Nació y murió en 9 meses. Concebido en la de Otoño 2019 y parido a los nueve meses, justo en la de San Isidro 2019. Enterrado sin funeral y, claro, sin darle bombo al puñetero bombo.
Durante bastante tiempo, y sobre todo en la plaza de toros de Madrid, se censuraba mucho a los toreros que metían el pico. Es decir, que no presentaban la muleta plana, sino oblicua y además citaban con el extremo de esa muleta, con el pico, para echarse al toro para fuera y aminorar el riesgo y la verdad del toreo.
Empieza a ser habitual regalar orejas en Sevilla y Madrid y no digamos ya en otras plazas. No en otras, sino en todas las demás de la geografía española.
Va a más. Todo el mundo se eterniza en la faena de muleta. Casi todos oyen avisos. Y al público de ahora le importa un pito. El de antes lo consideraba como una falta, como un error, como una ineptitud. Ay, pero los tiempos cambian y ya nada es lo que era.