De vez en cuando uno aparca el abatimiento que le invade al pensar en el futuro de los toros para ilusionarse de nuevo con la creencia de que su perpetuidad es posible. Comprobar que, a pesar del complicado momento que atraviesa la tauromaquia, las escuelas taurinas continúan matriculando a nuevos valores es uno de los motivos por los que la esperanza sigue latente.






