Que en el sector taurino no hay unión es de sobra conocido. Y aunque todos la reclaman nadie da el primer paso. Es evidente que cada cual tiene unos objetivos y que unificar criterios es pura quimera, quizá sería hasta ilógico. Pero hay casos en los que ir de la mano en ciertos asuntos le haría mucho bien a la tauromaquia y a los propios profesionales. La licitación por la plaza de Valencia era una ocasión manifiesta para que los empresarios se hubieran puesto de acuerdo en el apartado económico, lo que habría acabando siendo beneficioso para ellos, para los toreros, para los ganaderos, para el público y hasta para la redacción de nuevos pliegos de condiciones de arrendamiento de cosos de titularidad pública.






