Muy posiblemente el mundo actual, que cotiza la inmediatez y huye del esfuerzo y del tiempo que requiere lo excelso, no valoraría en su justa medida a un mito del calibre de Curro Romero. Personalmente echo en falta ídolos como él, capaces de arrastrar masas tras su doctrina diferente y su misterio único, de devolver al torero su condición de héroe admirado y de artista especial, de poner a la tauromaquia en un puesto cimero en la sociedad.






