El pasado 11 de mayo, El Juli conquistó el respeto, la admiración y el reconocimiento de una afición dura, la más estricta del mundo. Madrid se rindió a sus pies después de torear como gusta en Las Ventas, con raza, fibra y hasta épica. Falló con el estoque y no abrió la puerta grande. Rompió a llorar de rabia el torero. Era la imagen de la tarde. Lleva 24 años como matador pero su ambición permanece intacta. Todo un ejemplo.






