Salvo en contadas ocasiones, las plazas de toros no consiguen llenar sus tendidos. Se presume que el Abril sevillano y el San Isidro madrileño serán dos excepciones que no deben maquillar un problema que hay que atajar cuanto antes. El alto precio de las entradas en tiempos de crisis, los continuos ataques antitaurinos y la falta de emoción que demasiadas veces se desprende desde el albero, son los tres ejes principales sobre los que se deben buscar soluciones inmediatas. La foto que ilustra el artículo es el irrefutable ejemplo del hastío que provocan algunas corridas. Un aficionado que ha pagado más de 170 euros por su localidad, prefiere jugar al Candy Crush en su móvil que atender a la lidia. Muy preocupante.






