Paco Villaverde
Dice el maestro del periodismo taurino Hispano-mexicano Pepe Alameda que la evolución del toreo es a través de un hilo conductor en el que van sucediéndose en el tiempo los toreros y la evolución de la técnica de torear.
Joselito es el cenit de un concepto en el que la Lídia tiene unos fundamentos muy simples: preparar al toro para la muerte y matarlo.
Cuando toma la alternativa Belmonte José ya era la máxima figura, había mandado a casa a los Bomba a Machaquito y a todo el que hubiera querido competir.
Es comprensible, cualquier figura lo hubiera hecho, cuando aparece Belmonte se lo hubiera querido quitar de en medio y si embargo lo grandioso de este torero es que ve en su competidor el futuro de la fiesta, es generoso con el toreo y no intenta ningunear al mesias que viene, al contrario lo protege y administra en muchos casos a un Belmonte desorientado y deslumbrado por la grey intelectual que le prostituye de tal modo que es el primer torero que se corta la coleta como símbolo de torería y renuncia a la vestimenta propia de torero en la calle.
José es tan grande que su obsesión es conseguir hacer el toreo que viene, cuando cae en Talavera estaba ya en el camino. José, con su poder, manda cambiar la cabaña brava para conseguir el toro que precisa Belmonte.
Quiere competir desde el discurso belmontino.
José promovió las monumentales para abaratar costes y se enfrentó a la oligarquía Sevillana al construir la monumental de Sevilla.
Belmonte no trae un discurso meditado, que es donde está el verdadero valor, Belmonte se encuentra con un hilo suelto del toreo que viene desde El Espartero y es Antonio Montes, sevillano que muere e México en las astas de Matajacas, el verdadero creador de ese sitio de torear de una forma consciente, Belmonte lo coge por una necesidad física y se encuentra con un banderillero de Montes que le guía. Lo que verdaderamente aporta Belmonte es el temple, ahí es donde era único, El Pasmo, como torero era muy corto, sus faenas eran de natural y de pecho uno y uno.
Por lo tanto y como la pregunta no era referente al mejor, si no al más grande, para mí no hay duda, no ha habido un torero, en toda la extensión de la palabra, más grande y generoso con la fiesta que José Gómez Ortega “Gallito Chico”.









