Aunque son tres las patas sobre las que se sostiene el espectáculo taurino, no cabe duda que una de ellas tiene un papel imprescindible y cuya ausencia haría inevitablemente inviable e imposible todo lo demás: el toro. Torero y público, siendo, efectivamente, básicos, sin aquel no tendrían razón de ser.
Los de Diego Urdiales. Urdialistas. Tiene seguidores a sus pies . Incondicionales. Viendo, diciendo o escribiendo lo máximo de lo máximo. Sea o no verdad. También muchísimos que no porque no van a verlo. No llena una plaza ni de coña. Ni en Logroño, su tierra, ni acompañado de Roca Rey atrae al público.
Pues una semana más hay que empezar por MORANTE. Y con la pregunta ¿habrá MORANTE 2027?. Parece que no. Así que hay que darse prisa en las pocas que le quedan, especialmente las últimas de las ferias de Otoño y del Pilar. Sus declaraciones parece que avalan este adiós : “no lo sé” respuesta a una pregunta de si lo veríamos la próxima temporada y segunda respuesta bastante más clara: “creo que he hecho méritos para merecer un descanso”. Lo malo que no pudo despedirse bien de su Sevilla en la pasada de San Miguel.
Mientras algunos siguen empeñados en certificar el desinterés general por la tauromaquia, las taquillas se encargan de desmentirlos. En el caso de que Morante se vaya, puede dejar un vacío difícil de llenar, pero nuevas figuras vienen empujando y las plazas continúan respondiendo. En el último tramo de la temporada, Sevilla, Madrid y Valencia ofrecen la evidencia incontestable de que los toros siguen interesando a quienes libremente pagan por verlos.
El tópico, alimentado por la copla que hizo furor y fortuna, cuenta que Sevilla tiene un color especial. Naturalmente, y todo el que haya visitado esta tan espléndida y maravillosa ciudad debe dar fe de ello. Pero también posee una sensibilidad puede que única y una idiosincrasia que la distingue del resto del universo mundo. Algo que se nota mucho más en la cosa taurina.
Los sevillanos lo sevillanizan todo y a veces esto significa que lo exageran para salirse con la suya. Los conozco bien y desde hace muchos años porque soy sevillano consorte, casado con una sevillana de larga y completa tradición familiar, de abuelos y tatarabuelos en la ciudad de la Giralda y con importantes miembros en el toreo, especialmente su abuelo y su padrino de bautismo.
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